Tu hijo de cuatro años llevaba semanas pidiendo la camiseta del unicornio. Hoy vuelve del colegio y no se la quiere poner: «Es de niñas. Me lo ha dicho Hugo». O tu hija de siete, que siempre jugaba al fútbol con su primo, ahora dice que el fútbol es de chicos. Y no sabes si corregirle o dejarlo pasar.
Cuándo aparece «el rosa es de niñas»
Antes de lo que parece. En un estudio con niños de 7 meses a 5 años, a los que se pedía elegir entre dos objetos, uno de ellos siempre rosa, las niñas empezaban a escoger el rosa más que los niños hacia los 2 años, y a los 2 años y medio ya lo preferían a los demás colores. Los niños, a la vez, lo evitaban cada vez más (LoBue y DeLoache, 2011). El estudio dice cuándo aparece la preferencia, no por qué.
Las diferencias existen
De media, niños y niñas no eligen los mismos juguetes, y la diferencia es grande. Un metaanálisis de 75 estudios con niños de hasta 11 años encontró que los niños prefieren bastante más los juguetes asociados a niños y las niñas los asociados a niñas, y que la diferencia crece con la edad. Salía mayor cuando se obligaba a elegir entre dos juguetes que cuando se les observaba jugar con varios, así que conviene no sacar conclusiones de una sola elección; el estudio del rosa usaba ese método (Davis y Hines, 2020).
Los autores barajan varias explicaciones, todas en condicional: que el entorno empuje a cada uno hacia lo «suyo» y ese empuje se acumule con los años; que, a partir de unos gustos tempranos, busquen compañeros y ambientes que los refuercen; y que las hormonas de antes y de poco después de nacer se combinen con todo lo anterior. Cuánto pesa cada una no está resuelto.
Que la diferencia sea grande quiere decir que la mayoría de niños y niñas sigue esa tendencia, no que todos lo hagan. Los que no la siguen, en un sentido o en otro, no tienen nada que corregir. Y que un juguete se asocie más a niños o a niñas no se lo prohíbe a nadie, ni obliga a jugar con todo por igual.
Por qué a los 4 años se vuelven tan estrictos
Es muy frecuente a esta edad, y no quiere decir que en casa lo estéis haciendo mal. Un estudio que siguió a 229 niños de los 3 a los 5 años vio que la mayoría de las conductas ligadas al género (cómo querían vestir, a qué jugaban, de qué se disfrazaban, si jugaban solo con niños o solo con niñas) se volvían más rígidas con la edad, sobre todo entre los 3 y los 4 años (Halim y colaboradores, 2013).
¿Y cuánto dura? Otro estudio preguntó cada año a 64 niños, de los 5 a los 10, qué creían que podían hacer los niños y las niñas. La etapa en que lo veían como una norma estricta duraba poco, empezara antes o después, y las ideas se volvían más flexibles cuando ya tenían bien aprendidas las categorías (Trautner y colaboradores, 2005). No hay una edad fija.
Sus autores lo interpretan así: la rigidez acompaña al momento en que aprenden qué es ser niño o niña, y mientras aprenden la categoría la aplican sin excepciones. Se parece a lo que pasa con la gramática, como el niño que dice «rompido». Y lo que se suaviza es la norma; los gustos pueden seguir igual. Con 7 años puede parecerle bien que otro niño vaya de rosa y seguir sin querer ponérselo él.
Cómo hablar de esto en casa

Pregunta antes de corregir. «¿Quién lo dice?» o «¿Y a ti te gusta?» abren la conversación sin sermón. Lo más probable es que conteste «Hugo» y «Sí, pero es de niñas». Ahí puedes decir lo que piensas en una frase: «Yo creo que los colores son de quien los quiera llevar. Tú decides si te la pones». No hace falta ganar la discusión. Y si la camiseta ya está en el cajón, déjala ahí, a mano: obligarle a ponérsela la convierte en una prueba.
Pon ejemplos de personas que conoce. Que su tía arregla bicis o que el padre de su amigo es enfermero es algo que puede comprobar él mismo. La Academia Americana de Pediatría (AAP) propone también libros y puzles en los que hombres y mujeres aparezcan en papeles variados, como padres que se ocupan de la casa o mujeres policía (AAP, sobre cómo elegir juguetes).
Deja mucho donde elegir, sin empujar. La misma página aconseja tener a mano juguetes variados: muñecos, coches, figuras de acción, bloques. Si aun así tu hija lo quiere todo rosa o tu hijo solo juega con coches, está bien. Las opciones están ahí; si las coge o no, es cosa suya.
Con los mayores, habla de lo que pueden hacer. Con 6 o 7 años la frase puede ser otra: «el fútbol es de chicos», «bailar es de chicas». Ahí ayudan los ejemplos reales, como la jugadora que ha salido en las noticias o el chico del barrio que va a danza, y una pregunta sencilla: «¿Y a ti te sigue gustando?» o, si nunca lo ha probado, «¿Te apetece probarlo?».
Cuando lo dice otro adulto. Si el abuelo suelta «eso es de niñas» delante de tu hijo, no hace falta discutir en ese momento. Basta con una frase tranquila para el niño: «El abuelo lo ve así; en casa, cada uno elige su color». Si se repite, mejor hablarlo con el abuelo a solas.
Fíjate en lo que dices sin pensar. A todos se nos escapa alguna frase hecha, como «eso es muy de chicas». Y si a ella le dices casi siempre lo guapa que va y a él lo fuerte que es, puede ir llegándole qué se espera de cada uno. Basta con darte cuenta y variar la próxima vez, sin convertirlo en un drama.
Si quiere llevarlo al colegio, ayúdale a decidir. Si quiere ir con la camiseta del unicornio y sabes que alguien puede decirle algo, cuéntaselo y pregúntale qué contestaría. «A mí me gusta» es una respuesta corta que sirve. Si decide llevarla, bien. Si prefiere dejarla para casa, también: está aprendiendo a medir cuándo y con quién. De cómo sostener lo que le gusta cuando el grupo aprieta hablamos en «Cuando todos lo hacen».
Cuándo hablarlo con el colegio o con el pediatra
Si las burlas se repiten o le dejan fuera de los juegos a menudo, habla con su maestro o maestra: cuanto antes lo sepan, antes pueden hacer algo. Si lo ves pasarlo mal durante semanas (no quiere ir al colegio, le da vergüenza o miedo que se sepa lo que le gusta, está triste o irritable casi todos los días), coméntalo también con el pediatra. Y si se siente fuera del grupo, en «Mi hijo se siente fuera del grupo» hablamos de cómo acompañarle.
Que le gusten colores o juguetes asociados al otro sexo no es, por sí solo, motivo de consulta: lo que le gusta y si se siente niño o niña son cosas distintas. Si lo que te inquieta es lo segundo, el pediatra es un buen sitio para hablarlo con calma.
Una sirena con conchas azules
En Marina y el Color del Mar, un cuento para niños de 3 a 6 años, Marina es una sirena de cola rosa a la que le encanta coleccionar conchas azules. Un día, las otras sirenas le preguntan «¿Por qué te gusta el azul si tienes cola rosa?» y se van nadando juntas, riéndose. Marina se esconde en una caracola gigante y allí encuentra a Suno, un sireno que también llora: a él se le ríen porque le gustan las cosas brillantes y el color rosa.
Marina se lo pregunta en voz alta: «los colores son solo colores, ¿no?». Juntos mezclan sus dos colores, se pintan las colas de morado y, cuando salen, los demás quieren que les enseñen. El cuento lo resuelve en una tarde, y en un patio suele costar más. Pero le da a tu hijo alguien que se sentía igual que él.
La guía que acompaña al cuento en la app propone una pregunta: «¿Crees que hay colores “de niños” y “de niñas”? ¿Por qué?». A los 4 años es probable que te diga que sí, y a esa edad es lo habitual. Es el principio de la conversación.

Marina y el Color del Mar
Los colores no tienen género
Marina es una joven sirena que ama el azul profundo del mar, pero otras sirenas la excluyen porque dicen que «el azul es de niños». Sintiéndose sola, encuentra refugio en una caracola gigante donde conoce a Suno, un sireno que ama el rosa y las cosas brillantes. Él también es excluido por otros niños por sus gustos. Juntos descubren que los colores son solo eso: colores, y que cada quien puede disfrutar lo que le haga feliz sin importar lo que digan los demás.
Leer este cuento infantil en la app de Semillita



