Mi hijo es tímido: cómo acompañarle sin empujarle

Niño de unos cinco años agarrado a la pierna de su padre en una fiesta en un jardín, mirando con curiosidad a otros niños que juegan, fotografía natural

Llegáis al cumpleaños y tu hijo se queda pegado a tu pierna. Los demás niños ya corren por el jardín, y él mira desde detrás de ti sin soltarse. Una tía se agacha: «¿No me saludas? ¡Qué tímido!». Y tú, entre la pena y un poco de vergüenza, no sabes si animarle a ir o dejarle donde está.

Qué es normal

La timidez en la infancia es muy común. La Academia Americana de Pediatría (AAP) recuerda que la mayoría de los niños tímidos nacen así, aunque algunos se vuelven tímidos tras experiencias difíciles. Y que la mayoría se relacionan bien una vez pasado un primer periodo de adaptación; lo que merece más atención es que le siga costando hacer amigos incluso después (AAP, sobre la timidez en los niños). En un sitio nuevo, ese periodo puede durar semanas.

En la mayoría, es parte del temperamento: hay niños que se adaptan despacio a sitios y personas nuevas, y se abren cuando el entorno se les vuelve familiar. Por eso el mismo niño que no suelta tu pierna en el cumpleaños puede no callarse en casa de sus abuelos. Para estos niños, la AAP aconseja introducir lo nuevo poco a poco, contárselo antes y dejar que avance a su ritmo (AAP, sobre el temperamento).

¿Se le pasará?

A muchos sí, y a otros no del todo. Según la AAP, muchos niños tímidos aprenden con el tiempo a manejar su timidez, aunque por dentro sigan sintiéndose tímidos, y otros siguen prefiriendo no ser el centro de atención. Las dos cosas están bien.

Los estudios más largos se han hecho con una minoría de niños con una timidez muy marcada, medida en laboratorio. Incluso en ese grupo, que tiene más riesgo de ansiedad que la media, más de la mitad no llega a desarrollarla (Fox y colaboradores, 2023). La timidez corriente no es eso.

Qué ayuda y qué no

En un estudio que siguió a 108 niños de los 2 a los 4 años, los que eran más tímidos con otros niños a los 2 tendían a seguir siéndolo a los 4 sobre todo cuando sus madres (el estudio solo observó a madres) les dirigían o les hacían las cosas, o les hablaban con burla (Rubin y colaboradores, 2002). Son datos de asociación, y una revisión reciente avisa de que va en los dos sentidos: un niño muy temeroso también hace que los adultos le protejan más.

En esas investigaciones, proteger de más cuenta como parte del mismo control. Hacerle las cosas o evitarle siempre lo que le da miedo le alivia en el momento, pero ayuda a que el miedo se mantenga. Lo que la revisión propone como protector, todavía como hipótesis, es animarle con suavidad y aceptarle como es.

En un ensayo, los padres de 146 niños de preescolar muy inhibidos hicieron un programa de seis sesiones en grupo en el que, entre otras cosas, aprendían a no sobreprotegerles y a ayudarles a enfrentarse poco a poco a lo que temían. Tres años después, esos niños tenían menos trastornos de ansiedad que los del grupo que no lo hizo, aunque no eran menos tímidos (Rapee y colaboradores, 2010). No se puede trasladar tal cual a cualquier niño tímido, pero apunta en la misma dirección que los pediatras: no se trata de cambiarle el carácter.

Cómo acompañarle

Niña de unos seis años sentada en un murete junto a su padre, de la mano, mirando cómo juegan otros niños en el parque, fotografía natural

Llega antes y mira con él. Un cumpleaños con tres niños asusta menos que uno con treinta. ZERO TO THREE, una organización de primera infancia, propone algo parecido para el parque: mirar juntos un rato y, cuando le notes más tranquilo, proponer algo concreto, como ir al columpio (ZERO TO THREE, sobre los niños tímidos).

Cuéntale antes lo que va a pasar, y ensayadlo. Quién estará, qué haréis, cuánto rato os quedaréis. La AAP propone también practicar en casa lo que puede decir o hacer (AAP, sobre una niña muy tímida con los extraños). Un saludo practicado con el peluche sale más fácil en la puerta.

Un paso pequeño, sin librarle de todo. Saludar con la mano, jugar unos minutos a una sola cosa, darle el regalo al cumpleañero. Saltarse siempre los cumpleaños le alivia hoy y se lo pone más difícil la próxima vez; es mejor ir un rato, quedarte cerca y tener pensada una salida.

No le pongas la etiqueta delante. ZERO TO THREE aconseja no presentarle como «el tímido». No hay estudios que lo midan, pero es fácil cambiarlo por algo que no le encierra: «Le gusta mirar un rato antes de entrar».

Cuando otro adulto le presiona, ponte de su lado. «¿No me das un beso?» se le hace muy cuesta arriba a un niño que todavía está mirando. Puedes pedir tiempo por él: «Ahora está mirando. Ya saludará cuando quiera». Si es alguien de la familia que lo repite («qué soso»), en el momento basta con darle la vuelta sin discutir («Le gusta mirar primero; luego se suelta») y, después, a solas, contarle qué le ayuda. De cómo darle a elegir el saludo hablamos en «Pedir permiso y respetar el no».

En la escuela, de uno en uno. Cuéntale a su maestro o maestra cómo es y qué le ayuda, y pregúntale cómo está en clase: si habla, si juega con alguien. Puedes probar a invitar a casa a un compañero de su clase: en su terreno y de uno en uno puede costarle menos, y al día siguiente en el patio ya tendrá una cara conocida. La AAP recuerda que compartir un interés es a veces justo lo que necesitan para empezar a hablar con otros niños.

Celebra lo concreto. «Has saludado a Lucía aunque al principio te costaba. Lo he visto» le dice exactamente qué ha hecho bien. Si le da vergüenza que se note, mejor de camino a casa que delante de todos. Si además le cuesta probar cosas nuevas, en «Mi hijo tiene miedo de intentar cosas nuevas» hay más ideas.

Cuándo comentarlo con el pediatra

Coméntalo si no mejora con el tiempo, si se angustia con desconocidos o cuando no estás cerca mucho más de lo habitual para su edad, o si le ves triste o ansioso (AAP, sobre una niña muy tímida con los extraños). También si ha cambiado de pronto: antes se relacionaba sin problema y ahora se cierra, aunque no sepas por qué. Coméntalo también si, pasado el periodo de adaptación, sigue sin relacionarse con nadie en clase. Y si la timidez le impide hacer cosas propias de su edad, conviene que le valore un profesional de salud mental infantil.

Hay un caso que se confunde con la timidez y no lo es: el mutismo selectivo. Es un trastorno de ansiedad en el que el niño habla con normalidad en casa pero no consigue hablar en sitios concretos, casi siempre la escuela, durante al menos un mes (dos si el sitio es nuevo), y eso le limita. No es que no quiera hablar: no puede. A diferencia de la timidez, no se le pasa al coger confianza: semanas después sigue sin poder hablar en clase, aunque ya conozca a la profesora y a los compañeros. Suele empezar en los primeros años y notarse al empezar la guardería o la escuela, aunque a veces no se ve hasta primaria, y afecta a alrededor de 1 de cada 140 niños pequeños (NHS, sobre el mutismo selectivo). Si lo sospechas, coméntalo con el pediatra sin esperar a ver si se le pasa.

Si está aprendiendo la lengua de la escuela, es normal que al principio calle allí, y eso solo no es mutismo. Pero tampoco conviene descartarlo, porque es algo más frecuente en niños que han llegado hace poco de otro país o que en casa hablan otra lengua. Lo que lo distingue es que tampoco consigue hablar allí en la lengua que domina: por ejemplo, ni siquiera te habla a ti, en vuestra lengua, cuando hay otros delante (ASHA, sobre el mutismo selectivo).

Una luciérnaga que bajaba su luz

En Adaptación de Cenicienta, un cuento para niños de 6 a 8 años, Ceni es una luciérnaga con una luz grande y cálida. No es tímida de nacimiento: la lleva siempre muy bajita porque en casa su madrastra y sus hermanastras le repiten que deslumbra. «Bájala», le dicen. En el baile se queda pegada a la pared, casi apagada, y cuando la suelta sin querer, todo el tronco se ilumina y ella se apaga de la vergüenza.

Entonces el tronco entero aplaude y pide que vuelva, y alguien que llevaba la noche bailando a su lado en la oscuridad le tiende la mano: «¿Bailamos?». Al día siguiente, en su jardín y con una sola amiga, jugando al escondite, Ceni deja que su luz brille sin pensarlo.

La guía que acompaña al cuento en la app propone una pregunta para después: «¿Qué puede hacer alguien para que te resulte más fácil participar?».

Adaptación de Cenicienta

Adaptación de Cenicienta

La luz que llevas dentro

Ceni es una luciérnaga que cuida flores nocturnas entre las raíces de un árbol viejo. Su luz es grande y cálida, pero la mantiene baja porque en casa le dicen que molesta y que nadie querrá estar con ella. Cuando se anuncia un baile en el prado, las ganas de acercarse se mezclan con el miedo a llamar la atención. Esta adaptación de Cenicienta explora lo que sentimos al intentar participar cuando nos preocupa el rechazo.

Leer este cuento infantil en la app de Semillita
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