«Esa camiseta no, quiero otra»: lo que hay detrás de la fase del no

Niño pequeño en pijama decidiendo qué camiseta ponerse una mañana mientras un adulto lo acompaña con paciencia, la fase de la autonomía
Esta reflexión la compartí primero con los suscriptores de la newsletter el 21 de mayo de 2026. Si quieres recibirlas antes que nadie, suscríbete aquí.

Son las 8:15. Mi hijo pequeño está en el sofá, donde lo llevamos cada mañana para que se despierte despacio. Le acerco la ropa y, casi sin mirarla, suelta: «esa camiseta no, quiero otra».

Llevábamos meses con esta escena casi cada mañana. Tardamos bastante en entender que el problema no era la camiseta. Lo cuento porque por el camino aprendimos algo que, leído a tiempo, nos habría ahorrado unas cuantas discusiones a esa hora tan poco diplomática del día.

Lo que hay detrás del «no»

Entre los 18 meses y los 3 años, muchos niños atraviesan lo que el psicólogo Erik Erikson llamó la etapa de la autonomía. Descubren algo enorme para un cerebro tan pequeño: que pueden decidir por sí mismos, oponerse, actuar con voluntad propia.

Lo nuestro tenía poco de excepcional. La psicología del desarrollo lleva décadas describiendo esta etapa con escenas casi calcadas de la de mi cocina: elegir la ropa, negarse a ponerse algo concreto, insistir en hacerlo «yo solo». Si te interesa el porqué con más calma, lo contamos a fondo en la fase del «no».

Cómo lo fuimos resolviendo en casa

Mientras le preparo el sándwich para la escuela, le dejo la ropa al lado del sofá. Si le vale, perfecto. Si no, se planta: «esa camiseta no, quiero otra», y va él mismo al armario a buscar la suya.

Cuando íbamos con el tiempo pegado, intentábamos convencerle: «vamos, esta está limpia, esta te queda bien, que se nos hace tarde». Daba igual. Su respuesta era siempre la misma: «sí llegamos». Y, bien mirado, llevaba razón. Le dejábamos elegir, se vestía, llegábamos.

Después de varias mañanas así, dejamos de discutirlo. Ahora preferimos que elija él directamente, en vez de proponer y esperar el «no». Y ha pasado algo curioso: casi nunca rechaza lo que le dejamos. O él se ha relajado, o nosotros hemos aprendido por fin qué prendas no quiere. Probablemente las dos cosas a la vez.

Lo que sí entendimos es algo más grande: el problema del tiempo lo veíamos nosotros. Para él la ecuación era sencilla: ir al armario, abrirlo, elegir y ponerse otra camiseta, cosa de un minuto. Convencerle de que no lo hiciera podía llevar veinte. A esa edad todavía no vive el reloj como lo vivimos los adultos.

Lo que ahora nos funciona, casi nunca por este orden:

  • Ofrecer dos opciones que nos valgan a todos. «¿La azul o la verde?». Las dos están limpias y las dos sirven para salir de casa. Él decide; el marco lo ponemos nosotros.
  • Cuando dice que esa no, dejarle ir al armario. Muchas veces termina antes que una discusión, y la decisión queda suya.
  • No entrar en negociaciones largas cuando el reloj aprieta. La urgencia la sentimos nosotros; él todavía no anticipa el tiempo como un adulto.
  • Explicar más y ordenar menos. «Tenemos veinte minutos antes de salir» abre conversación; «vístete ya» la cierra. La crianza con apoyo a la autonomía lleva décadas observando que explicar el porqué de una petición ayuda más a la cooperación que dar órdenes a secas.
Una niña pequeña elige ella misma una camiseta del cajón con gesto decidido, la autonomía de la fase del no

Da igual que seas su madre, su padre, su abuela o su abuelo. Cuando un niño dice «esa no, quiero otra», casi nunca te está desafiando: está practicando a decidir. Y eso, aunque a las 8:15 cueste verlo, es justo lo que tiene que pasar a su edad.

El cuento que leemos después de las mañanas difíciles

Hay un cuento que acabamos leyendo mucho justo después de una mañana de estas: El pequeño «No» de Leo. Leo descubre que tiene voz y un día empieza a usarla para todo. Su subtítulo lo resume mejor que yo: «El superpoder de decidir». A veces ayuda ponerle palabras a lo que el peque sintió por la mañana, y verlo en otro, en Leo, se lo pone más fácil.

No sin mi jersey

No sin mi jersey

El superpoder de decidir

Es una mañana con prisas en casa de Leo. Sus padres le han preparado la ropa, pero Leo no quiere ponérsela: quiere su jersey favorito, aunque fuera haga mucho calor. Cuanto más le explican y más le urgen, más fuerte dice que no. Hasta que alguien se detiene, se agacha a su altura y le ve de verdad.

Leer este cuento infantil en la app de Semillita

Un abrazo, y mucha paciencia si mañana toca otra vez lo de la camiseta.

— Adrián, de Semillita

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