Cuento infantil ilustrado. Un pollito pequeño y amarillo, en un prado verde de mañana, mira hacia arriba con el pico abierto haciendo «pío». A su alrededor, tres animales de granja mucho más grandes —un cerdo, una vaca y un caballo— lo observan con cara amable. Una historia sobre los sonidos de los animales y la alegría de comunicarse, para niños de 2 a 3 años.
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¿Quién hace Muu?

El concierto del prado

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Así empieza el cuento

La primera luz entró en el nido. El pollito abrió un ojo. Luego el otro. Después abrió el pico: «pío». Mamá gallina levantó el ala, despacio. Debajo olía a pluma calentita.

El pollito cantó otra vez: «pío, pío». El canto le hizo cosquillas en el pico. Dio un saltito en la paja. Y otro más. Mamá gallina lo miró, grande y tranquila.

Aquella mañana, el pollito quería cantar con alguien. Salió del nido con pasos pequeños y decididos. La hierba del prado brillaba de rocío. Mamá gallina se quedó mirando desde la paja.

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Ilustración de ¿Quién hace Muu? — 1
Ilustración de ¿Quién hace Muu? — 2
Ilustración de ¿Quién hace Muu? — 3
Ilustración de ¿Quién hace Muu? — 4
Ilustración de ¿Quién hace Muu? — 5

Guía para familias

💭 ¿De qué trata esta historia?

Un pollito se despierta en el nido con muchas ganas de cantar. Solo sabe hacer «pío», pero quiere cantar con alguien, así que sale al prado a buscar compañía. Por el camino se cruza con voces enormes que lo sorprenden: la vaca, el cerdo y el caballo. Cada encuentro es un ida y vuelta de sonidos, un juego de escuchar, imitar y contestarse.

🧠 ¿Qué aprenderán los niños?

  • La comunicación de ida y vuelta: cuando hago un sonido, alguien me responde, y esa respuesta es lo que convierte mi voz en una conversación
  • Que la voz propia vale tal como suena hoy: el pollito no cambia su «pío» por otro sonido más grande; lo prueba todo por juego y vuelve encantado al suyo
  • Las primeras «palabras» compartidas —los sonidos de los animales— que a esta edad son de las más fáciles y gozosas de decir para cualquier peque, hable lo que hable
  • Que lo enorme puede ser divertido y no dar miedo: una voz gigante llega con una cara amable y termina en risa, no en susto
  • La reciprocidad juguetona: los grandes también prueban el «pío» y les sale enorme y torpe, y la risa la comparten los dos, nunca uno se ríe del otro
  • Que la voz más pequeña tiene su sitio: en el momento del prado, el «pío» entra y los demás lo recogen, sin que nadie tenga que cantar más fuerte que nadie

🤝 ¿Cómo continuar esta conversación?

  • A esta edad la mejor «conversación» es seguir jugando con la voz. Un juego sin materiales, de dos o tres minutos, para después de leer: «¿Quién hace…?» por casa. Primera ronda, pregunta el adulto: «¿Quién hace muu?». El peque puede contestar como quiera —diciendo «la vaca», señalando la página o haciendo el sonido—; las tres respuestas valen igual y se celebran igual.
  • Segunda ronda, y aquí está el juego de verdad: se cambia el turno. Ahora es el peque quien hace un sonido —el que sea, aunque se lo invente— y el adulto lo adivina o lo repite exagerado, como el caballo le devolvía el «pío» al pollito. Así el peque descubre con el cuerpo que su voz produce respuesta. Se alarga por la casa o la calle siguiendo lo que mire («¿quién hace guau?», «¿quién hace brum?») y se acaba cuando se cansa, no cuando se «termina».
  • «¿Qué sonidos hace vuestro día? ¿Cuáles hacen los peques cuando juegan, cuando piden algo o cuando protestan, y cuáles os inventáis juntos?» Ayuda a mirar la manera de sonar de cada niño como el «pío» del pollito: comunicación completa, no habla a medias.
  • «Cuando un peque os dice algo a su manera —un sonido, un gesto, una palabra empezada—, ¿cómo nota que le habéis oído? ¿Qué hacéis con la cara, con el cuerpo o con la voz para devolvérselo?»
  • «¿Qué pío bajito hacen los peques cuando ya están tranquilos, justo antes de dormir? ¿Cómo suena en vuestra casa la despedida del día?»

🎯 Enfoque educativo

Este cuento no explica ninguna lección: la hace ocurrir. En cada página, alguien responde al sonido del pollito, y esa experiencia —hago ruido, me contestan, existo para el otro— es justo como los peques de dos y tres años aprenden a comunicarse. El protagonista no arregla ni mejora su voz: la suya, pequeña y suya, encuentra su sitio entre las grandes. Al leerlo en voz alta y hacer los sonidos juntos, el propio momento de lectura se convierte en ese ida y vuelta: el adulto pregunta, el peque suena, el adulto celebra que ha sonado. El cuento sube en juego hasta el prado y baja despacio hasta el nido, para que el último sonido del día sea el más bajito.

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